Somos distintos. Esas fueron las palabras de Costas al referirse a Racing. No somos como Boca o River, tenemos nuestra propia identidad. Racing es único, especial, es El Primer Grande del fútbol argentino. Esto no es solo un eslogan más, es así. Es pionero en muchos aspectos y un referente del fútbol en nuestro país.
Argentina tiene competencia oficial desde fines del siglo XIX, todos los torneos de liga y copas nacionales eran dominados por equipos con orígenes británicos. El estilo de juego también era el instalado por ellos, pero surgió un club que cambió esa historia y empezó a brillar con una propuesta distinta, ese club es Racing.
Arribó a la Primera División en 1911, ese año el famoso Alumni ganó su última liga y un año más tarde lo hizo Quilmes, con varios jugadores que provenían de Alumni. Ambos de origen británico. En 1913 el campeón no tuvo mayoría de nombres en inglés en sus formaciones, y ganaba los partidos con un fútbol distinto, con gambetas, con toques, con habilidad individual. El campeón fue Racing, el primer equipo meramente criollo en poder romper con la hegemonía británica de nuestro fútbol. El primero que se animó a ser distinto y con una identidad propia supo imponerse.
Y no sólo fue llegar a lo más alto, sino también sostenerse allí como nadie lo volvió a hacer. Pasaban los años y al final, el campeón siempre era el mismo, el de Avellaneda de camiseta celeste y blanca. No eran solo resultados, su forma de jugar enamoraba y cada vez eran más los hinchas, y tras una goleada sobre River en 1915, miles de hinchas bautizaron a Racing como la Academia del fútbol argentino. Racing era el ejemplo de cómo había que jugar a la pelota, cada fin de semana multitudes se acercaban para ver al equipo sensación, al que no paraba de brillar, que no paraba de ganar. El dominio académico frenó la marcha recién en 1920. Entre 1913 y 1919 ganó siete ligas de forma consecutiva, lo cual lo convierte en el único heptacampeón del fútbol argentino, algo que difícilmente pueda repetirse.
Desde aquellos tiempos, Racing generó que se lleve la pasión por un club a otros niveles. Pasaron los años, se sumaron algunos títulos más y en un momento llegó la sequía, veinticuatro años sin poder ganar una liga, pero el hincha acompañó siempre. A fines de la década del 40’ esos fieles hinchas volvieron a sonreír y la vieja Academia volvió a dominar el fútbol argentino, ganó tres ligas en fila, el último que lo había hecho había sido el propio Racing en 1915.
A mediados de la década del 60’ tocó fondo, en la cola de la tabla lo agarró Juan José Pizzuti, que lo sacó de ahí y lo llevó hasta lo más alto, no solo de Argentina, sino de América y del mundo. El Primer Grande, es también el primer club argentino en llegar a la cima del mundo, hasta el 4 de noviembre de 1967, ningún club ni seleccionado argentino había podido hacerlo. Así como en la década del 10’ Racing mostró el camino de cómo jugar, el Equipo de José fue el que mostró cómo se conquistaba el mundo.
Racing es enorme, la fuerza de su gente lo hace aún más grande, y a lo largo de la historia ha logrado grandes proezas y también ha sufrido fuertes turbulencias, duros y extensos años sin títulos, un descenso, la quiebra y el gerenciamiento. La pasión por la Academia pudo con todo, El Primer Grande siempre resurgió hasta de las más difíciles, las rachas negras se cortaron, y se llenaron dos canchas para festejarlo. Se superó el gerenciamiento y el club volvió a estar en manos de sus socios. Jugadores surgidos del club volvieron a decir presente y brillar en la selección argentina. La cuenta de títulos ya llegó a 40, y tras años de presencia ininterrumpida en el plano internacional, también se cortó la racha de 36 años, y sí, otra vez se llenaron dos canchas y el obelisco. Todo eso es Racing, locura, pasión, lealtad, grandeza. Somos distintos, somos El Primer Grande.